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    ¿Por qué los peruanos compramos pirotécnicos e iniciamos incendios en Año Nu

    ASÍ SOMOS LOS PERUANOS

    Por: Raúl de Andrade

    La respuesta a tan transcendental pregunta es simple: por culpa de los Alcaldes.

    En casi todas las grandes capitales del mundo, las municipalidades locales encuentran en el Año Nuevo una ocasión sin par para atraer turistas, para hacer que la gente se divierta con seguridad y para entregarle un regalo a la ciudad y sus habitantes, algo que los llene de esperanzas y alegrías al recibir el Nuevo Año.

    En el Perú no es así. Los peruanos quedamos a nuestro libre albedrío para festejar el réveillon como podamos, esto significa que no existen fiestas populares organizadas por los municipios, que no existen tradiciones controladas y mejoradas por nuestras autoridades ni siquiera fuegos artificiales pagados por la municipalidad. ¡Ni siquiera fuegos artificiales!

    Los peruanos comprendemos que estamos en desamparo total, frente a autoridades que se han propuesto que el Año Nuevo del Perú sea el más aburrido del mundo y eso nunca lo vamos a aceptar, es por ello que hemos tomado la decisión de celebrar el Año Nuevo en el Perú, incluso yendo contra la ley, aunque nos persigan, aunque nos recriminen, vamos a continuar celebrando el Año Nuevo.

    Y es por eso que, a pesar de los llamados del municipio, de la policía y del gobierno para aburrirnos como plantas en Año Nuevo, los peruanos nos declaramos en rebeldía y decidimos desarrollar nuestras propias tradiciones, marginales, peligrosas, incluso ilegales, pero que nos permiten hacer un ritual de paso de año como la gente, festejando tan importante fecha como se merece.

    Uno de esos rituales es quemar un muñeco a medianoche del 31 de diciembre. La tradición es antigua y muy sencilla. En cada calle alguien construye un muñeco hecho con trapos y papel. El fantoche se hace con camisas y pantalones y a veces va acompañado de zapatillas viejas, todo relleno con trapos, papeles e incluso cohetecillos. La cabeza del muñeco puede ser de distintas formas, con frecuencia se trata de una cabeza de tela, con los ojos, nariz y boca pintados. También puede ser una pequeña caja de cartón, de aquellas que sobraron del panteón navideño. Adicionalmente le podemos colocar un sombrero y otros accesorios.

    Poco antes de la llegada del Año Nuevo el espantajo es colocado sentado en una silla y rociado con combustible, siendo que a las 12 en punto se le prende fuego, en medio de la algarabía de niños y entusiasmo de adultos.

    En los últimos años algunos emprendedores han visto un buen negocio en esta tradición y han comenzado a construir muñecos con la cara de impopulares políticos y personajes públicos peruanos, así, al menos simbólicamente, los notables reciben su merecido a fin del año.

    Claro que hay lugares donde no hay ropa sobrante para hacer un muñeco y mucho menos para comprar uno, entonces, la solución encontrada es muy creativa: se quema basura. Así, en las primeras horas del primero de enero es posible ver en toda la ciudad hogueras ardientes que con sus humos negros contaminan toda la ciudad, dándole la apariencia de una ciudad bombardeada.

    Peor aún, los muñecos ardientes ocasionan innumerables incendios que deben ser combatidos por los infatigables y abnegados Bomberos Voluntarios del Perú.

    Pero también tenemos otra tradición, y ésta es más clandestina, incluso ilegal. A medianoche hacemos explotar fuegos artificiales que nosotros mismos hemos adquirido furtivamente. En todos los mercados de cada barrio existe alguien que vende fuegos artificiales, cohetecillos, cohetones, ratas blancas, mama-ratas y otros potentes explosivos. Sabemos que son peligrosos, pero no podemos evitar venderlos y comprarlos. Nos fascina ver cómo comienzan a explotar a medianoche del 31 de diciembre, como se enciende el cielo de nuestra ciudad y como dejamos atrás un año de tristezas y alegrías para comenzar uno nuevo lleno de esperanza por un futuro mejor.

    La policía y la fiscalía se cansan de hacer redadas en busca de estos peligrosos explosivos, pero nunca han podido vencer esta tradición porque es misión imposible combatir el placer de ver maravillosos fuegos artificiales a las doce de la noche del último día del año. Y es que una tradición tan arraigada en nuestra cultura no es posible suprimirla con un decreto municipal.

    Así, mientras nos reunimos en algún lugar con los amigos, mientras brindamos con copas de champagne y vemos caer las serpentinas y los confetis, siempre habrá alguien que se haya dado la molestia de buscar un proveedor clandestino de fuegos artificiales y nos alegre la noche de Año Nuevo, iluminando el cielo con luces multicolores que diseñarán caprichosas formas, produciendo la admiración y emoción de toda la familia.

    Por eso, los peruanos seguiremos construyendo y quemando muñecos, seguiremos comprando fuegos artificiales, seguiremos dando emoción a nuestros niños.

    Seguiremos hasta que llegue un alcalde inteligente que nos proponga un trato: ya no compren más fuegos artificiales, ya no quemen más muñecos porque la municipalidad va a realizar el más sorprendente e impresionante espectáculo de fuegos artificiales en cada plaza municipal del país.

    Ya no compren fuegos artificiales porque nosotros haremos una fiesta bonita y segura para toda la familia. Ya no es necesario que infrinjan la ley ni que arriesguen sus vidas, manipulando explosivos porque la municipalidad de tu distrito ha contratado a profesionales que se encargarán de brindarnos una fiesta bonita y segura para tu familia.

    Y todos los vecinos de tu municipio se pondrán reunir en la plaza para hacer la cuenta regresiva, con champagne y a las doce en punto vamos a quemar un enorme muñeco que representará el año que se va, será una fiesta increíble e inolvidable, igual que en cualquier país del mundo. Incluso mejor que en Río de Janeiro, mejor que en Nueva York, mejor que en Valparaíso, mejor que el de cualquier país del mundo. ¡Ven con toda tu familia!

    Cuando llegue un alcalde así, que nos convenza con ilusión, sólo entonces, dejaremos de comprar fuegos artificiales y de quemar muñecos en la calle. No somos tontos y vamos a preferir asistir a una fiesta segura y bonita antes que tener que arriesgar nuestras vidas haciendo estallar fuegos artificiales clandestinos.

    Entre tanto, continuaremos adquiriendo pirotécnicos y quemando muñecos o lo que sea, no vamos a dejar que nuestra tradición se pierda ni que el Año Nuevo del Perú se convierta en el más aburrido del mundo. Escuche señor Alcalde, únase a nosotros, porque usted no podrá vencernos.

     

    Added by admin December 29, 2007 (11:52AM)

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