
(LaVerdad.es) 153 muertos y 19 supervivientes, algunos con quemaduras terribles. El balance del accidente del vuelo JK5022 de Spanair en el aeropuerto de Barajas grabó ayer una muesca sangrienta en el historial de los peores siniestros aéreos del país. La conmoción fue tal que muchas horas después del accidente las autoridades mantenían la cifra de fallecidos como provisional, y oscilaba el número de heridos. No habrá datos oficiales hasta que los forenses logren identificar los cuerpos. El aeródromo madrileño no vivía una tragedia similar desde 1983. 14 de los heridos lucharán durante días entre la vida y la muerte.
El vuelo cubría la ruta Madrid-Gran Canaria, en código compartido con Lufthansa. Entre el pasaje -162 pasajeros, dos de ellos bebés, y 10 tripulantes según la compañía aérea- había viajeros de distintas nacionalidades, germanos, suecos, daneses, además de españoles. El avión, un McDonnell Douglas MD-82, tenía 15 años de antigüedad. Pertenecía a Spanair desde hace 9 y pasó su última revisión en enero pasado. Entonces no hubo problemas. Este miércoles sí.
Hubo un primer intento de despegue abortado por dificultades técnicas. Un mal presagio. El vuelo JK5022 tenía prevista su salida a la una de la tarde desde la Terminal 1 de Barajas. Cinco minutos después inició el recorrido por la pista de despegue, pero volvió sobre sus pasos a las 13.42, al parecer con problemas en el indicador de temperatura. Técnicos revisaron el aparato y dieron el ok al piloto para continuar
Tras ese incidente, el avión despegó en torno a las dos y media . Apenas unos minutos después, el motor izquierdo de la aeronave estalló por causas que aún se desconocen. Según testigos presenciales, la nave levantó ligeramente el morro y cayó por la parte de cola, y se partió en dos al caer en una vaguada entre las pistas 18L y 36R de la Terminal 4 de Barajas. Instantes después el queroseno del depósito de combustible hizo el resto. El fuego quedó extinguido a las cuatro.
«Dantesco». «Un infierno». Las primeras asistencias sanitarias que pudieron acercarse a los restos del avión no encontraron otras palabras para describir la escena. Entre trozos humeantes del fuselaje localizaron a los supervivientes, más de 20 en un primer momento, aunque uno de ellos, una niña de dos años según fuentes médicas, falleció de camino al hospital. Salvaron la vida al salir despedidos tras el impacto. «Todos los de dentro estaban muertos», calcinados por la bola de fuego en que se convirtió el aparato, declaró luego un miembro del SUMMA, el servicio de emergencias de la Comunidad de Madrid.
El siniestro activó el plan de emergencias de Barajas. El dispositivo de gestión de la crisis - Ministerios de Interior, de Fomento, Ayuntamiento, Comunidad de Madrid, representantes de Spanair y de AENA, Protección Civil, Bomberos- se instaló en la T-4. El tráfico en el aeropuerto madrileño quedó interrumpido hasta las cinco de la tarde, aunque los retrasos acumulados en los vuelos previstos para esas horas afectaron al tránsito aéreo durante toda la tarde.
Las cajas negras del avión fueron recuperadas a media tarde y será la investigación de las autoridades de Aviación Civil la que determine las causas últimas del accidente. Una unidad especial de Spanair y un equipo de ingenieros de la McDonnell Douglas llegarán este jueves a Madrid para colaborar con las pesquisas.
De acuerdo a los primeros informes que Spanair facilitó aInterior, la catástrofe se desencadenó cuando el avión había alcanzado una altura de 70 metros -200 pies- sobre la pista, a una velocidad que en términos técnicos se califica de V 3 o punto de no retorno, a partir del cual no se puede abortar la maniobra de despegue.Las primeras noticias se conocieron pronto pero la verdadera dimensión del desastre tardó en saberse. Horas después los datos oficiales hablaban aún de 50 muertos. A primeras horas de la noche Spanair no había facilitado la lista de fallecidos en tanto no se comunicara a las familias de las víctimas. Cruz Roja habilitó equipos de asistencia psicológica para atender a los allegados que se concentraron en Barajas y el pabellón 6 de IFEMA, recuperado como morgue para albergar los cadáveres, como ya ocurriera el 11-M.