| Militar
valeroso y patriota, precursor de la aviación mundial, inventor,
músico y pintor, Pedro Ruiz-Gallo fue un peruano que dedicó
su vida entera a la patria y que murió trágica pero gloriosamente
en momentos en que ponía su actividad y su pericia técnica
en servicio de la defensa del territorio nacional.
TENIENTE
CORONEL
PEDRO RUIZ GALLO (1831-1880)
El Teniente Coronel Pedro
Ruiz nació en la villa de Eten el 24 de junio de 1831. Fueron
sus padres: el coronel español don Pedro Manuel Ruiz y doña
Juliana Gallo, siendo niño perdió a su padre. Estudió y
trabajó en su pueblito natal, hasta los once años, edad
en que pierde a su madre, lo que lo obliga a viajar a Chiclayo
y a trabajar en el oficio de relojero.
Su primer invento: una
caja musical
Desde muy niño reveló su genio precoz, todos sus juegos
infantiles revelaban al futuro inventor. Se pasaba horas
enteras en la playa, observando el vuelo de las aves y desde
ya manifestaba ansias de volar. Le fascinaba la mecánica.
Llamó la atención un aparato de cuerda que hizo, cuando
tenía 10 años, aparato que producía hermosos sonidos. En
Chiclayo se sostuvo componiendo relojes y dedicado siempre
a sus tenaces investigaciones. Todo indicaba en él que estaba
predestinado a grandes empresas.
Carrera militar
A los 15 años se trasladó a la capital. Movido por su vocación
militar ingresó como cadete en 1848. Muy pronto por su corrección,
valor y pericia, logró ascender a alférez y se inició así
su brillante carrera militar, bajo la égida de Castilla,
del General Mariano Ignacio Prado, San Román, Balta y Diez
Canseco que le dispensaron gran consideración y afecto;
sobre todo Castilla, Balta y el General Prado, a lado del
cual se batió en el glorioso combate del 2 de mayo de 1866.
Explorando la Amazonía
Sus más destacados servicios a la Patria comienzan por el
año 1855 cuando tenía don Pedro Ruiz el grado de Capitán.
Era ayudante de la Prefectura de Amazonas, siendo Prefecto
de ese departamento el Coronel Cabada, cuando nuestro héroe
inicia sus empresas de Explorador de la Amazonía. Siguiendo
el curso del gran afluente del Marañón descubre la ruta
fluvial que une Bongará con la capital amazonense y llega
hasta el Pongo de Manseriche y, escapando de ser victimado
por los salvajes, debido a sus conocimientos de los dialectos
nativos y a su don de fascinarlos con la música de su violín,
descubre la tribu de los Agua Ruma, las minas de pizarra
y mármol de chiliquín y salva de los efectos mortíferos
de la picadura de las vívoras de la selva, merced a sus
conocimientos médicos.
Descubre una vacuna
En 1856 incursiona en la medicina, a causa de la epidemia
de viruela, descubriendo una vacuna con la cual salva la
vida de miles de personas. Fue catalogado como el médico
militar salvador.
El reloj de Chachapoyas
Después de estas hazañas fue ascendido a Mayor graduado
en enero de 1865 y a Mayor efectivo en febrero del mismo
año, siendo Allende el Ministro de la Guerra. La gratitud
de los amazonenses fue grande para don Pedro Ruiz y de sus
días en Chachapoyas quedó cual monumento de su pericia el
reloj público de aquella localidad.
Vencedor del Combate del
2 de mayo
Al iniciar el general Prado el movimiento de la Restauración,
el entonces mayor Pedro Ruiz se alió a tan noble y patriótica
causa y peleó valientemente en el glorioso Combate del 2
de Mayo de 1866, en la Segunda Compañía del Regimiento de
Jefes y Oficiales que comandaba el Teniente Coronel Montalbán
y cuyo jefe fue el Coronel Robles. La junta Calificadora
presidida por el General don Miguel Medina, lo declaró Vencedor
del Combate del 2 de mayo; por cuyo motivo el Gobierno del
General Prado le concedió diploma de honor, la medalla de
oro de la gratitud nacional y su ascenso a Teniente Coronel.
Su monumental reloj de
Lima
Terminado el conflicto con los españoles, Pedro Ruiz Gallo
se dedica por entero a su obra maestra: el reloj monumental,
que embelleció nuestra capital y que fue llevado como botín
por el ejército chileno cuando entró a Lima.
El año 1868 un decreto del Presidente Balta consideró al
Teniente Coronel don Pedro Ruiz agregado al Estado Mayor
General para que pudiese terminar su obra. Esta es la época
de mayores luchas de nuestro héroe. Se esgrimen contra él
envidias e incomprensiones . Le quitan hasta su ordenanza;
le apresan su ayudante: le niegan sus sueldos; lo mal informan
ante Balta; él sigue sereno, impasible, rectilíneo, tenaz,
perseverante en su obra monumental.
Al fin un día ve realizado su sueño. El Congreso de 1868
a iniciativa del diario "El Comercio" de Lima
que aboga en su favor, da la ley necesaria y el gobierno
de Balta, acatando al Congreso, otorga la protección debida.
Y el 6 de Diciembre de 1870 se inaugura la obra insigne.
En los jardines de la Exposición (el actual "Parque
de Lima") se levantó el Reloj, comparable al reloj
de Strasburgo.
Tenía once metros de altura, 16 de ancho y 5 de espesor;
nueve esferas y señalaba los días, los años, los meses,
las estaciones, las fases de la luna, izaba el pabellón
nacional y entonaba nuestro mágico Himno. Cada hora renovaba
un cuadro de la Historia y dos centinelas presentaban armas,
al son de la Marcha de Banderas, cuando izaba nuestro bicolor.
Este reloj fue el orgullo de nuestra capital, hasta que
se lo llevó el ejército chileno en la desastrosa Guerra
del Pacífico.

|
Precursor de la aviación
Terminada su obra maestra, se dedicó a sus estudios y descubrimientos
de aviación. Desde niño tenía la obsesión de poder descubrir
un aparato para volar. Hizo estudios serios sobre el vuelo
aerostático. Escribió una obra sobre navegación aérea: Estudios
Generales sobre la Navegación Aérea y Resolución de este
importante problema", donde estudia los globos aerostáticos
y proyecta un aparato llamado "El Ornitoptero",
que tendría la forma de un ave, pero funcionaría con un
motor, como los actuales ultra-leves. Es presumible que
esta obra genial haya circulado en todo el mundo científico
por su interés y novedad.
A excepción en un vuelo en San Cristóbal, todos sus ensayos
los hizo en el Callao, en una casa que hace esquina en las
calles México y Sucre; donde hoy (desde 1938) hay una placa
de bronce que perpetúa su recuerdo y donde, todos los años
desfilan el pueblo y los escolares, recordándolo con el
corazón henchido de emoción patriótica; porque ese también
fue el escenario de su heroico sacrificio definitivo.

Su sacrificio en la Guerra
del Pacífico
Este sacrificio tuvo lugar el 24 de abril de 1880. La escuadra
chilena había bloqueado nuestro primer puerto. En tan difíciles
circunstancias el Gobierno comisionó al Teniente Coronel
Pedro Ruiz para que preparara torpedos contra la escuadra
enemiga.
Se encontraba pues en tan
patriótica labor, a las doce de aquel aciago día, cuando
por descuido de su ayudante, una explosión, puso fin a una
vida tan cara para la patria, tan preciosa y útil para esos
momentos que vivía el Perú. Así trágicamente pasó a la inmortalidad
este epónimo peruano, honra de la Nación.
La Asamblea Constituyente de 1884, resolvió trasladar sus
preciosos restos a la Cripta de los Héroes (en el Cementerio Museo Presbítero Matías Maestro, que es el más antiguo de Lima); acto de gratitud
nacional y justicia histórica que se corroboró por resolución
suprema de abril de 1938; desde 1940 los restos de nuestro
héroe Pedro Ruiz reposan al lado de Grau y Bolognesi. Su
recuerdo está nimbado por la Gloria. Su nombre lo pregona
la Fama, el Perú le debe un monumento. El bronce, con sus
voces eternas, hablará a las futuras generaciones.
(Extraído
de "Paradigmas" de Diego Camacho)
|