| El domingo
18 de Abril de 1999, el Papa Juan Pablo II proclamó SANTO
a Marcellino Champagnat, un padre originario de la región
de Saint-Étienne en Francia, nacido en 1789 y que se transformó
en el Fundador de la Congregación de los Padres Maristas,
que hoy están presente en los cinco continentes.
SAN
MARCELINO CHAMPAGNAT
Marcelino José Benito Champagnat
nació el 20 de mayo de 1789 en la aldea de Le Rosey, departamento
de la Loire, Francia; El año de 1789 es cuando ocurre la Revolución
Francesa, y el padre de nuestro santo, Juan Bautista Champagnat,
fue un fervoroso militante en las filas del partido de los
jacobinos, ocupando diversos cargos públicos en el municipio
de Marlhes y en el cantón de Saint-Genest-Malifaux.
Marcelino, nada inclinado
a los estudios, no aprendió a leer sino muy tarde, a los
14 años. Cuando en las vacaciones de Pascua de 1804 un sacerdote
pasa por Marlhes buscando vocaciones sacerdotales, se fija
en Marcelino a quien le dice: Hijo mío, tienes que estudiar
el latín y hacerte sacerdote, Dios lo quiere. Su decisión
desde entonces será irrevocable.
En 1805, Marcelino entra
en el seminario menor de Verrières (departamento de la Loire),
a la edad de 17 años. Debe sentarse con los principiantes,
a pesar de su edad y de su estatura (mide 1,79 m) y el primer
año fracasa como estudiante pero consigue que le den otra
oportunidad. El segundo año y los siguientes verán subir
el nivel de rendimiento del tenaz Marcelino. En 1813 pasa
al seminario mayor de Lyon, junto con Juan Claudio Colin
y Juan María Vianney, futuro santo Cura de Ars, para empezar
su primer año de teología.
En el curso del año escolar de 1815, un nuevo seminarista
proveniente del Puy, Juan Claudio Courveille, comunica a
algunos de sus compañeros su proyecto de una Sociedad de
religiosos Maristas. Adhieren a la idea, entre otros, Marcelino
Champagnat y Juan Claudio Colin. Marcelino incorpora al
proyecto su idea de los Hermanos para la educación cristiana
y la alfabetización de los niños de las zonas rurales.
En 1816, junto con Colin, Courveille y otros 50 compañeros,
Marcelino es ordenado de sacerdote; tiene entonces 27 años.
Al día siguiente, los 12 signatarios de la promesa de constituir
la Sociedad de María, capitaneados por el promotor de la
idea, P. Courveille, suben al santuario de Ntra. Sra. de
Fourvière. Courveille celebra la misa, los demás comulgan
de sus manos y todos se consagran a María y prometen solemnemente
dedicarse a establecer la Sociedad de María.
El 12 de agosto de 1816 Marcelino
Champagnat es nombrado vicario parroquial en el pueblo de
La Valla-en-Gier, con una población de 2.000 habitantes
dispersos en múltiples y lejanas aldeas por las faldas de
la cadena de montañas del Pilat, en el Macizo Central. Pronto
transforma totalmente la parroquia: predica, visita a los
enfermos aún de las aldeas más alejadas, hace la catequesis
a los niños, implanta la práctica del mes de María, distribuye
libros para extender las buenas lecturas, combate el trabajo
en domingo, las borracheras, los bailes...
El 28 de octubre, en la alejada
aldea de Les Palais, asiste en su lecho de muerte al joven
de 16 años Juan Bautista Montagne, que no ha oído nunca
ni siquiera hablar de Dios. Esto lo decide a poner en práctica
inmediatamente su proyecto de Hermanos para la educación.
Inicia con un ex granadero de Napoleón, Juan María Granjon,
de 22 años, a quien el Padre debe enseñarle a leer. Al poco
tiempo, se le añade Juan Bautista Audras, de 14 años, y
el P. Marcelino los instala en una casita alquilada, luego
comprada con la ayuda del P. Courveille. (Éste, vicario
parroquial en Rive-de-Gier a pocos km de La Valla, lo visitaba
con frecuencia, de acuerdo con la promesa de Fourvière).
Es el 2 de enero de 1817:
fecha del nacimiento de la congregación de los Hermanos
Maristas. Champagnat les da el nombre de Hermanos de María,
en honor de la Sma. Virgen en quien ha depositado toda su
confianza.
En noviembre de 1818 funda
la primera escuela en su pueblo natal, Marlhes. Y al año
siguiente en su parroquia, La Valla. En adelante, los pedidos
de nuevas fundaciones se harán tan perentorios, que en el
lapso de 22 años, deja a su muerte 48 escuelas fundadas
donde se educan unos 7.000 alumnos. María bendice igualmente
su congregación con abundantes vocaciones. En el mismo lapso,
Champagnat deja 280 Hermanos, más 49 que ya habían fallecido.
En tan pocos años, Marcelino
Champagnat se prodiga sin medida: forma a los Hermanos,
religiosa y pedagógicamente, funda y visita las escuelas,
construye el vasto monasterio-noviciado del Hermitage (trabajando
personalmente como albañil y carpintero), atiende la administración
de lo temporal (con grandes problemas financieros), gestiona
ante las autoridades de París la aprobación legal de su
Instituto, entrevista a obispos, sacerdotes, alcaldes y
otras autoridades civiles para asentar sus fundaciones escolares,
etc., etc .Esta febril actividad se une a su gran espíritu
de mortificación: viaja a pie o a caballo, ayuna con frecuencia
días enteros para poder celebrar la misa, reza de noche
y lleva la contabilidad y la correspondencia después de
que todos se retiran a descansar...
No es de extrañar que, a
pesar de su fuerte constitución campesina, su salud se quebrantara.
Desde una fuerte caída en su salud a fines de 1825, arrastró
durante 15 años, hasta su muerte, una gran debilidad de
estómago que, amén de fuertes dolores, lo obligaba a privarse
a menudo de todo alimento, pues le resultaba intolerable.
Añádase a esto las múltiples contrariedades, sobre todo
en los comienzos de su obra, pues hasta sus colegas sacerdotes
lo tildaban de orgulloso, de obrar por vanidad de ostentar
el título de fundador; hasta lo consideraron loco y falto
de toda prudencia (incluso su confesor y director espiritual
lo abandonó). Ciertamente, considerada desde el solo espíritu
humano, su acción no podía menos de sorprender y escandalizar.
Pero Marcelino Champagnat era hombre de fe y de una profunda
humildad. Puso toda su confianza en Dios y en María, a quien
llamaba su Recurso Ordinario y Primera Superiora, y cuando
- con la venia de sus superiores los Obispos - juzgaba que
se trataba de la voluntad de Dios, nada ni nadie podía detenerlo.
|
Si su obra en la fundación
de los Hermanos es lo más conocido y admirado, no menos
admirable fue su dedicación en la realización del proyecto
Marista total del seminario, los PP. Maristas en particular.
En torno a él, se formó un grupo de 10 sacerdotes Maristas
que, unidos a los 10 del P. Colin, formaron el núcleo fundacional
de la Sociedad de María. Durante bastantes años el P. Champagnat
se encargó de la formación en El Hermitage de los Hermanos
de servicio de los Padres, al mismo tiempo que a sus propios
Hermanos de enseñanza. En 1830 fue elegido como Rector Provincial
Marista para la diócesis de Lyon (el grupo de Colin estaba
en la diócesis de Belley). Es pues considerado, a justo
título, como co-fundador de los PP. Maristas a la vez que
fundador de los Hermanos Maristas. En 1836 hizo profesión
de los votos religiosos como sacerdote de la Sociedad de
María. El mismo año parte para las misiones de Oceanía el
primer contingente Marista: 1 obispo (Mons. Pompallier),
4 sacerdotes Maristas (uno muere en el viaje; otro, morirá
mártir y será el primer santo Marista: san Pedro María Chanel)
y 3 Hermanos Maristas del P. Champagnat. Grande fue su deseo
de ir él mismo a las misiones, pero la obra de los Hermanos
lo retenía; lo compensó enviando varios otros contingentes
de sus Hermanos como colaboradores de los Padres y dando
a la Iglesia los primeros Hermanos mártires.
En el campo educativo, Marcelino Champagnat fue un pionero,
pues siempre estuvo abierto a lo nuevo que fuera más eficiente.
Adoptó el método simultáneo-mutuo de enseñanza, zanjando
así la polémica entre el método llamado de los Hermanos
(de la Salle) y el método sajón o Lancasteriano. Adoptó
igualmente un nuevo método de lectura, el fonético-silábico,
en remplazo del tradicional del deletreo. Introdujo la enseñanza
del canto en la escuela, la educación física, la teneduría
de libros y la agrimensura. Introdujo igualmente el catecismo
mariano, hizo practicar la disciplina preventiva y prohibió
todo castigo físico.
Colmado, pues, de méritos
y de trabajos, entrega su alma a Dios por medio de María
en un sábado, 6 de junio de 1840, cuando los Hermanos estaban
cantando la alabanza mariana de la Salve como inicio de
la jornada, práctica que él había introducido como escudo
contra todos los disturbios políticos y sociales que en
la Francia convulsionada de su tiempo tuvieron él y los
Hermanos que soportar.
El 29 de mayo de 1955 es beatificado por el Papa Pío XII
luego del reconocimiento de 2 milagros: la curación de un
cáncer terminal obrado a favor de una señora en los Estados
Unidos de América, y la de una meningitis mortal a favor
de un joven de Madagascar.
El 3 de julio de 1998 el Papa Juan Pablo II firma el decreto
de canonización después de reconocer el 3er. milagro, la
curación súbita de una enfermedad terminal, la histoplasmosis,
a favor de un Hermano Marista del Uruguay y el 18 de Abril
de 1999 fue canonizado. Podemos, pues, invocarlo ya como
San Marcelino Champagnat.
|