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Supremo Protector (1821-1822)
Libertador de Argentina, Chile y Perú
En 1778,
dos años después de la independencia de Estados Unidos,
en Yapeyú (Argentina), nació José Francisco de San Martín
y Matorras. Su padre fue un funcionario español, Juan de
San Martín y su madre, castellana como el padre, Gregoria
Matorras.
José
de San Martín pasó sus primeros años en América, luego viajó
a España donde perfeccionó su formación humana y su profesión
militar.
San Martín sólo puede ser entendido a través de su fidelidad
a la vocación castrense.
Con
el ejército español, San Martín luchó
en en la campaña de África, combatiendo en
Melilla y Orán. En
1797 es ascendido a subteniente por sus acciones frente
a los franceses en los Pirineos. En 1797 su regimiento,
que había participado en las batallas navales contra la
flota inglesa en el Mediterráneo, se rindió en agosto de
1798. También tomó parte en la guerra de la
Independencia española, luchando en la batalla de
Bailén.
El 12 de setiembre
de 1812 San Martín se casó con María de los
Remedios de Escalada, mujer joven y bella, que pertenecía
a una de las distinguidas familias del país, con ella tuvo
una hija, Mercedes, a quien brindí un afecto profundo y fue el eje central de toda su vida.
San
Martín lucho por la emancipación de su patria.
Organizó el ejército de los Andes, y obtuvo
la victoria en Chacabuco y Maipú, cuya consecuencia
fue la independencia de Chile, luego pasó al Perú.
En
1814, como jefe del ejército del Alto Perú, asumió directamente
una postura frente a nuestro virreynato. Él se opuso a continuar
la guerra por el camino de Charcas, como se intentó en los
días de Castelli y de Belgrano, porque entendía que para
hombres de tierras medias o bajas es muy difícil la lucha
en la sierra y en la puna. Su actitud en ese momento no
sólo representó un acierto profundo, sino que significó
una revolución, un cambio radical de perspectiva en el rumbo
de las comunicaciones entre Lima y Buenos Aires. Al itinerario
tradicional del Alto Perú, él planteó la preparación
de un ejército sólido que derrotara a los españoles en Chile
y que permitiera llegar al Perú por el camino del mar. Tal
vez a partir de estas decisiones podemos reconocer el mayor
triunfo de San Martín en toda su vida pues se pone al descubierto
el carácter estrictamente profesional de sus decisiones
militares.
San
Martín vino a nuestro país porque entendió que la independencia
de la América española era un sólo fenómeno histórico. Él
no se presentó únicamente por la razón militar que invitaba
a destruir las fuerzas del Virrey de Lima; éste fue sólo
un efecto de la realidad de nuestra independencia que se
expresó de manera variada. La expedición libertadora, con
el apoyo del capital O'Higgins y la audacia de Cochrane,
fue reflejo de la unidad americana que se mostraba en esos
años.
En
esos momentos, la creación de un Estado eficaz que reemplazara
la autoridad virreynal y evitara la anarquía y el despotismo
fue un asunto central. Del mismo modo, era urgente afirmar
un nuevo principio de autoridad en el cual creyeran los
peruanos. Ganar la emancipación fue la gran esperanza, pero
ganar la estabilidad en la vida social era condición imprescindible
para no perder la independencia.
LA
FUNDACIÓN DEL ESTADO
El
28 de julio de 1821 San Martín, desde un tablado levantado
en la plaza mayor declaro la Independencia: " El Perú es
desde este momento libre e independiente por la voluntad
de los pueblos y de la justicia de su causa que Dios defiende."
Levantó la bandera roja y blanca y fue aclamado por la multitud.
A la
proclamación de la independencia le siguió la creación del
protectorado, el 3 de agosto de 1821, el hito fundamental
que señaló el nacimiento del Estado peruano. San Martín
no convocó una asamblea por temor al desorden sino, sencillamente,
apeló a su creación, y anunció que continuaban reasumidos
en él tanto el mando político como el militar con carácter
provisional, en tanto se ganase la guerra.
Por
medio de un gobierno vigoroso pero transitorio, San Martín
garantizó la independencia del poder judicial. Singular
en su estructura, la nuestra no fue una república ni una
monarquía: San Martín se convirtió, desde ese momento, en
"protector" de la libertad del Perú.
Este
gobierno del protector San Martín, a pesar del grave problema
de la guerra, no olvidó la organización del Estado desde
diversos planos. Entre sus preocupaciones estuvo presente
la sociedad peruana en su conjunto. Aunque algunos historiadores
afirman que esta actitud provocó descuido en las tareas
de la guerra, otros plantean que lo que se quiso fue evitar
la anarquía -la mayor dificultad para el desempeño de los
esfuerzos militares- y lograr la estabiliad de una organización
recién creada.
San
Martín se empeñó en precisar las bases de la futura organización
pero no promovió una reforma "prematura". El documento
central para entender el gobierno de San Martín es el Estatuto
Provisional dado por el protector de la libertad del Perú.
En el interín se establece la Constitución permanente del
Estado, el 8 de octubre de 1821.
Los
ministerios iniciales fueron tres: Estado y relaciones exteriores,
cuyo responsable fue Juan García del Río, natural de Cartagena
de Indias; guerra y marina, encomendado a Bernardo Monteagudo,
natural de San Miguel de Tucumán, y hacienda, en manos de
Hipólito Unanue, nacido en Arica y único peruano de nuestro
primer gobierno.
La legislación
que apuntó a enaltecer el servicio al Perú y a estimular
la virtud del patriotismo fue muy variada.
Así
como la administración civil del Estado tuvo sus cimientos
en los días de la independencia, el ejército y la marina
iniciaron sus actividades como instituciones del país sobre
las bases de la organización virreinal. La Legión peruana
de la guardia fue el primer cuerpo del ejército peruano
y fue creado el 18 de agosto de 1821. La captura del buque
"Sacramento" en Paita el 17 de marzo de 1821,
la instalación del ministerio de guerra y marina y las normas
que aparecieron al respecto en el Estatuto Provisional señalaron
el principio de la Marina de Guerra del Perú.
De igual
modo se inció el recorrido de la vida internacional del
país y el diálogo del Perú en primera persona con otros
pueblos del planeta. Salieron de Lima nuestras primeras
misiones diplomáticas, cuyos objetivos capitales fueron
el reconocimiento de la independencia, pero también la gestión
de algún empréstito, u otros asuntos comerciales.
Del
tiempo de San Martín es la primera bandera nacional y el
primer escudo del Perú. La Gaceta del Gobierno de Lima del
5 de setiembre de 1821 informó que el día 2, en el teatro,
con las noticias de la posible bajada de las sierra de tropas
de Canterac, San Martín pronunció unas palabras vibrantes
y "el pueblo entonces mandó que la orquesta tocase
la marcha nacional, subieron muchos al tablado, cantaron
el himno patriótico". Luego del concurso pertinente,
en la noche del 23 de setiembre, se cantó por primera vez
en el teatro el himno nacional, en la voz de Rosa Merino,
con música de Bernardo Alcedo y letra de José de la Torre
Ugarte.
La independencia
no se identificó con una forma determinada de gobierno.
Fue así como San Martín, ante la experiencia suscitada en
otros lugares de América, afirmó que los resultados de una
revolución estéril y de una guerra ruinosa habían colmado
las pasiones propias de los cambios políticos, y la opinión
de los hombres, ya más serena, aspira únicamente a la emancipación
de España, y la instauración de alguna forma de gobierno,
cualquiera que sea.
Las
conversaciones iniciales en Miraflores y en Magdalena, la
oferta formal en Punchauca y el envío de la misión de García
del Río y Paroissien a Europa para hallar a un príncipe
que aceptara venir a coronarse como rey del Perú fueron
los momentos en los cuales se habló expresamente de una
monarquía como régimen político para el nuevo Estado.
En la
esfera política, el cuestionamiento central de esa época
puede resumirse en la siguiente pregunta: "cuál es
la forma de gobierno más adaptable al Estado peruano, según
su extensión, población, costumbres y grado que ocupa en
la escala de la civilización?". Fueron interesantes
razonamientos las intervenciones de Manuel Pérez de Tudela
y de Mariano José de Arce en defensa de la república, y
las de José Ignacio Moreno en favor de la monarquía, pero
los verdaderos extremos del debate se encontraban en las
cartas del "Solitario de Sayán", José Faustino
Sánchez Carrión, y en el Manifiesto de Quito, de Bernardo
Monteagudo, quien fue, en el Perú, un creyente en sistemas
autoritarios que impiden la anarquía; él estuvo al lado
de San Martín en sus planes monárquicos.
Cansado
de rivalidades y disensiones, dimitió todos sus cargos,
cediendo a Bolivar la gloria de consumar la Libertad del
Perú, y se retiró a Francia. Falleció el 17
de agosto de 1850 en la localidad de Boulogne-sur-Mer a
la edad de 72 años.

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