HOY, 29 de Marzo de 2017


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¿Quién Creó las Maravillas del Universo?

¿Quién Creó las Maravillas del Universo?

¿Quién Creó las Maravillas del Universo?

El macro cosmos guarda gran similitud con el micro cosmos, pero ¿quién hizo estas maravillas en el Universo?

Desde los tiempos de David hasta la actualidad, el hombre tiene alrededor de su pequeño planeta a miles de astros brillando como el fulgor de diamantes preciosos. Pero el hombre no está ajustado a la realidad. Él no puede verlo todo. Con potentes telescopios y valiéndose de los auxilios de los últimos adelantos astronómicos, sólo puede ver ¡mil millones de estrellas!

Si se usa un telescopio como el del Monte Palomar de Estados Unidos, entonces puede contar ¡30 millones de estrellas! Y el hombre, atónito, se pregunta entonces.

¿Quién hizo estas maravillas en el Universo? ¿Cuáles fueron las manos que esparcieron eso por el infinito? Contemplará las estrellas Polar, Aldebarán, Vega, Antares, millones de veces mas grandes que nuestro planeta-pigmeo. Y sabrá que las galaxias de la Espiga de la Vírgen, Beltelgouse, Cabra son millones de veces mas grandes que nuestro minúsculo sistema solar.

Ese hombre recordará entonces que la Tierra gravita en uno de los sistemas más ínfimos. Y dentro del sistema solar mirará a Plutón que es ¡130 más grande que la Tierra y está a seis millones de kilómetros de distancia del Sol! Y por no poder acompañar mentalmente estas medidas, caerá en consideraciones abstractas. Sólo percibirá líneas planetarias, nebulosas, sabrá de la existencia de enormes, inconmensurables galaxias.

Ese hombre irá a interrogar a los astrónomos y sabrá que más allá de la Vía Láctea, en donde se encuentra escondido en un rincón el sistema solar, existen clasificados aproximadamente ¡CIEN BILLONES DE SISTEMAS SOLARES!

Enseguida el hombre se recogerá dentro de sí mismo y meditará en las maravillas que existen dentro de su propio organismo.

Sabrá que su cuerpo está conformado por millones de átomos y que cada átomo es un perfecto sistema solar compuesto por un núcleo y alrededor giran a velocidades vertiginosas neutrones y protones semejando todo al Sol con sus planetas alrededor.

En sus conjeturas el hombre pensará en la mente que lo deslumbra y se enterará que sólo para el fenómeno del pensamiento existen ¡cerca de dos billones de células en constante acción!

En su sangre circulan 40 trillones de hematíes y para que esa sangre se distribuya por el organismo a fin de que él viva, posee millares de kilómetros de venas y arterias.

¿Y el fenómeno óptico? La luz penetra por el diafragma del ojo hasta llegar al fondo del cerebro. Por otro lado, si la epidermis es picada por un mosquito, se reconstruye luego mediante una tenue fibra que, como fino algodón, elabora de inmediato un coágulo protector.

Y al saber de tamañas verdades, el hombre comenzará a reconsiderar sus conceptos intentando descifrar cómo se manifiesta la vida dentro de sí. Y es que desde el funcionamiento de la hipófesis, hasta las glándulas genitales, ¡todo proclama la intervención de Algo o Alguien que pone orden en el Universo, desde la acción de la mas pequeña función del cuerpo hasta el maravilloso orden de millones y millones de mundos.

Todo nos habla de un Ser Supremo que conduce, dirige, manda.

Las maravillas de la vida están a la vista y no las queremos ver. El Sol sale todos los días, nos da luz, energías, vida y lo tomamos todo como algo tan natural, como que no tuviera importancia.

No obstante, si el Sol sólo dejara de alumbrar por sólo algunos segundos, ocurriría tal desastre que no viviríamos para contarlo.

Lo mas curioso e interesante es que como es "arriba" es abajo. Es decir, la misma mecánica que permite el movimiento de los astros y estrellas en perfecta armonía y en órbitas exactas, rige para lo que está "abajo".

Si observamos por el microscopio veremos ¡cuántos mundos tan infinitisimales, tan pequeños, pero iguales en sus configuraciones y reacciones a los movimientos solaras en que se mueven la Tierra y otros planetas y estrellas mayores!

Todo canta la grandeza del Creador, sea cualquiera el nombre que se le de. Lo que pasa es que somos demasiados pequeños e insignificantes para comprenderlo y nuestra mente no puede saberlo todo. Sin embargo, ¡cúanto orgullo encierra el hombre en su ínfima pequeñez!